Margarita común: la luz del prado en un ramo
La margarita común (Leucanthemum vulgare), también llamada margarita de los prados o margarita mayor, es una de las flores silvestres más reconocibles de Europa. Cada "flor" es en realidad un capítulo compuesto: una corona de lígulas blancas, limpias y ligeramente separadas, rodea un disco central de florecillas amarillas que concentra toda la luz.
Los capítulos miden entre 3 y 6 centímetros y se sostienen sobre tallos firmes, poco ramificados, de 30 a 80 centímetros de alto. Las hojas basales tienen forma de cuchara con el borde festoneado, mientras que las del tallo son más estrechas y abrazan el vástago. Florece de mayo a septiembre en prados, taludes y bordes de camino, y en jarrón aporta un aire fresco, campestre y nada recargado.
Cuidados para que el ramo dure más tiempo
Las margaritas blancas aguantan de siete a doce días en casa si se tratan bien. Corta un par de centímetros del tallo en diagonal con un cuchillo afilado o unas tijeras limpias y repite la operación cada dos o tres días. Retira todas las hojas que queden sumergidas, porque se descomponen rápido y enturbian el agua.
Usa un jarrón bien limpio, agua fresca y una dosis de conservante floral; renueva el agua a menudo y mantén el ramo lejos del sol directo, de los radiadores y de las corrientes de aire. Aléjalo también del frutero, ya que el etileno que desprende la fruta madura acelera el marchitamiento. Si la cultivas en el jardín, plántala a pleno sol en un suelo corriente y bien drenado, sin exceso de abono; retira las flores marchitas para prolongar la floración y divide las matas cada tres o cuatro años.
Cuándo y a quién regalar margaritas blancas
La margarita blanca simboliza la inocencia, la sinceridad y los comienzos nuevos, un mensaje alegre y sin pretensiones que encaja en casi cualquier ocasión. Es un regalo perfecto para un cumpleaños, para celebrar el nacimiento de un bebé, para dar las gracias a quien te ha echado una mano o simplemente para animar la semana de alguien.
Su estilo natural combina a la perfección con bodas y celebraciones de inspiración campestre, donde se mezcla con espigas de trigo, lavanda, gypsophila o ramitas de eucalipto. En casa, un ramo generoso en un jarro de cerámica o en una jarra de cristal transparente ilumina la mesa de la cocina como ninguna otra flor.